Su experiencia en el certamen fue profundamente transformadora. Más allá de la competencia, Graciela describe Mrs. World como un espacio de crecimiento personal, hermandad y empoderamiento femenino, donde mujeres de distintas culturas se unen para celebrar la resiliencia, la dignidad y el propósito. “Es una experiencia que te marca el corazón —no solo desfilas, también compartes historias, causas y sueños”, expresó.

Para Graciela, representar a Honduras fue un acto de amor y responsabilidad. “Ser hondureña es llevar sangre valiente, raíces fuertes y una identidad que nunca se rinde. En cada paso, en cada escenario, sentí que no caminaba sola, caminaba con mi país conmigo”, afirmó emocionada.
Uno de los momentos más significativos de su participación fue cuando fue llamada y reconocida por portar el Mejor Traje, un diseño inspirado en la riqueza cultural y simbólica de Honduras. “En ese instante sentí una mezcla de orgullo, gratitud y emoción. Pensé en mi familia, en mi gente, en todas las mujeres que luchan día a día. Fue un reconocimiento que va más allá de lo estético; fue un homenaje a Honduras”, comentó.
Finalmente, Graciela envía un mensaje especial a los jóvenes:
“Crean en ustedes, incluso cuando nadie más lo haga. Los sueños no tienen fecha de vencimiento ni fronteras. Prepárense, trabajen con disciplina y nunca olviden de dónde vienen. Representar a Honduras me enseñó que nuestras raíces son nuestra mayor fortaleza”.
Con su participación, Graciela Monterola deja en alto el nombre de Honduras, demostrando que la belleza verdadera nace del propósito, la identidad y el orgullo de ser quien eres.